04/05/2021 Revista Viva - Nota - Información General - Pag. 24

Karina Gao. Chef de Flor de equipo, nacida en China, contrajo coronarivus con un embarazo avanzado y estuvo doce días intubada, en coma inducido. Aquí cuenta su historia de dramas y superaciones
LA COCINERA DEL MILAGRO Y LA RESILIENCIA
SILVINA DEMARE

En la filosofía china hay un símbolo que representa el aguante, el soportar: es el filo del cuchillo sobre el corazón. Señal entonces de que hay que respirar bajito, despacito y soportar. Karina Gao profesa esa filosofía y en el último tiempo la tuvo que practicar aun más.
Nacida en China, pero criada en Argentina, la bloguera de 36 años, hoy cocinera popular y emprendedora, vivió situaciones muy duras: hace seis años superó un embarazo gemelar complicado, donde tuvieron riesgo de muerte ella y sus bebés. Y en enero pasado, embarazada de seis meses de su tercer hijo, contrajo coronavirus. Estuvo doce días en terapia intensiva por una neumonía bilateral y luego fue inducida a un coma farmacológico para evitar un paro respiratorio. Además, se agarró una bacteria intrahospitalaria y descubrió tener un problema en un riñón. Llegó a estar en estado critico y con pronóstico reservado. Y también llegó a despedirse de toda su familia . Estuvo a l filo, con ese cuchillo sobre el corazón.
Hoy, recuperada y sonriente, la co- cinera de Flor de equipo, programa de Telefe conducido por Florencia Peña, recibe a Viva en su amplia casa, estilo minimalista. En la entrada, hay que sacarse los zapatos y calzarse unas ojotas blancas. Karina es bajita y su embarazo fue pura panza, como suele decirse de algunas embarazadas. Perdió mucho peso y masa muscular por el Covid-19.
Pero su espíritu alegre está intacto: no hay queja en su relato. Ni lo habrá al recordar momentos no tan felices de su adolescencia.
Ahora, posa feliz en distintos rincones de la casa y, con naturalidad, invita a pasar a su vestidor para buscar juntas otra blusa para la próxima toma. De refilón, se ve a sus gemelos de seis años, Simón y Benjamín, que juegan tranquilos con la niñera. Karina elige conversar en su amplia y moderna cocina, con alacenas blancas y pisos traídos de Italia.
Un antojo de su marido, el francés Dominique Croce. Gao habla muy bien el español. En la casa se habla francés y chino también. Todo transita en calma, con buena energía y té de jazmín.
El Fitito rojo. Tenía 8 años cuando llegó a Buenos Aires. Juan, su papá, emprendedor, había probado suerte en Australia buscando nuevos horizontes, pero se le complicó trasladar a la familia. Entonces, al volver a China, le hablaron de la Argentina: “Había un plan de inmigración en la época de Menem, año ‘92, ‘93; dólar 1 a 1, decían que Buenos Aires era la París de Latinoamérica –relata–.
Me acuerdo patente de que me sentaron frente a la tele y me hicieron ver un documental sobre Argentina que mostraba el tango y Puerto Madero. Mi papá quedó fascinado”.
Pero el entusiasmo del señor Gao se apagó al llegar a Ezeiza: “Ahí nos dimos cuenta de que todo era medio caótico. Nos fue a buscar al aeropuerto el amigo de un amigo de un amigo, en un Fiat rojo, súper llamativo.
Llegamos con 8 valijas nada más. Y bueno, en medio de la autopista Dellepiane se rompió el Fitito. Era 31 de julio. Yo andaba con una bolsa en la mano porque me la había pasado vomitando por el extenso viaje. El auto roto, la gente nos tocaba bocina. Nos tomamos el colectivo 86. Y llegamos a Capital. Vivíamos en Av. San Martín 1845. Este amigo tenían un local de videojuegos y atrás había cuatro habitaciones. Nos alquiló una a 150 dólares, el guacho. ¡Era mucho! Nos dieron sólo un colchón. Encontramos una repisa en la calle y yo dormía arriba de ella. No me molestaba”, comenta.
Karina creció de golpe. A los 8 años se volvía sola del colegio, que quedaba a seis cuadras de la casa. Cuando podía ahorraba los centavos que le daban para el colectivo y compraba papas para la cena. Se comía papa y arroz. Al tiempo, su mamá, Sofía, pudo alquilar un local chiquito para poner una regalería. Quedaba en Gascón 640. “Vivíamos detrás del local, en un pasillo. Hervíamos agua para bañarnos y teníamos una garrafa roja para hace la comida. Ahí empecé a cocinar. Tenía 10 años”, repasa.
Karina no tenía muchos amigos.
Algunas maestras la miraban con simpatía y otras no: “La de quinto grado me odiaba y yo a ella porque me discriminaba mucho. Una vez me animé y le pedí bailar la zamba en el Acto del 25 de mayo. Pero me dijo: ‘Vos, no’. Aún recuerdo su gesto de desprecio. Los chicos me encerraban en el baño y me tiraban agua. O en el recreo me ponían la pata para que me cayera. Una vuelta estuve tres días con dolor de cabeza.
Por suerte tenía una amiga, Laura. Ella me integró y me defendía. Iba mucho a su casa”, cuenta.
Mundo chino. Después de eso, se mudaron a Barracas, donde su padres compraron un supermercado sobre la Avenida Suárez. “Los fines de semana atendía en la fiambrería. Como mi papá no hablaba español, yo misma tuve que despedir a algún empleado”, comenta.
Karina hizo el esfuerzo e ingresó al Nacional Buenos Aires. Su mamá estaba obsesionada con que estudiara ahí.
“En el ingreso zafé en Matemática porque sabía, pero no entendía nada de Historia y Geografía así que me memoricé todas las palabras de los libros. Muchas horas culo estudiando”, grafica con humor. Los problemas llegaron por otro lado: “A nivel humano la pasé re mal en el Nacional Buenos Aires. Llamaban a la una de la mañana a mi casa por teléfono.
Atendía mi papá y se reían de él. Se notaba que los pibes estaban borrachos. El chiste era molestar ‘a la china’. A nosotros nos cuesta expresarnos y quejarnos, porque nuestra cultura habla de aguantar y aguantar; igual hablé con una psicopedagoga.
Pero me llevé Literatura 1 y 2, quedé libre y me fui al Misericordia de Belgrano, porque tenía una amiga allá.
Sólo interactuaba con ella y me aferré al mundo chino. Los sábados iba a un colegio chino. Era presidenta del Centro de Estudiantes. Organizaba kermeses. Era feliz ahí”, explica.
Todo a pulmón. A los 16 años, apareció su veta bloguera y comercial. Terminó el secundario y se puso a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Di Tella.
Viajó a Francia para hacer una beca.
Al volver se dio cuenta de que lo suyo era el emprendimiento. Su novio francés la siguió hasta Buenos Aires. Tuvieron juntos una ferretería, rubro que odió, dice, y un negocio de sombreros.
En paralelo, Karina estudiaba cocina en el IAG (Instituto Argentino de Gastronomía).
Pero siempre le gustó escribir.
Por eso abrió su blog hace cinco años: “Es una costumbre muy china reflexionar sobre el pasado. Ver qué errores cometiste y no repetirlos. Todos los días hago un resumen diario”.
Tuvo un blog de recetas chinas en Facebook. Su primera aparición en la tele fue en Cocineros argentinos, como referente de comida china. Pero un día dijo basta: “Estaba cansada de seguir lucrando con mi identidad y mi cabeza china, y ya tenía muchos años en la Argentina. Fue como salir de mi zona de confort. Necesitaba otra cosa.
Charlé con una amiga, instagramer y me dijo: ‘Vos tenés que hacer comida para chicos. Y así nació Mon Petit Glouton, sitio que rápidamente creció mucho. A los 5.000 seguidores (ahora tiene casi medio millón) me pidieron que hiciera un libro de recetas, que me autofinancié. Y ahora saqué otro, con Planeta, llamado Bon appétit”, cuenta.
Participó de El gran premio de la cocina, por el Trece, y quedó semifinalista. Después apareció la posibilidad de Flor de Equipo. “Estoy muy agradecida. Me bancaron sabiendo que estaba embarazada.
Para algunos puede representar un riesgo que haya ido a trabajar en esa condición, pero es lo que elegí y mi marido me apoyó.” ¿Cuál fue el peor momento que viviste por el Covid -19? Uno de ellos fue cuando hice la valija para ir a internarme al Otamendi. Siempre tengo humor negro y antes de irme dije: “Hagamos la última foto familiar por si no vuelvo”. Igual, nunca imaginé que iba estar en terapia. Cuando me dijeron que iban a intubarme, me despedí de mis seres queridos. Les mandé videos grabados a mis papás, a mi marido, a los chicos. Y a mis seguidores, también. Mi único trauma fueron los 15 minutos en que sentí que no llegaba a despedirme.
Lloré mucho en ese momento.
¿Sentís que volviste a vivir? Muchos me dicen guerrera, pero no me gusta atribuirme méritos ajenos.
Yo estaba durmiendo, los médicos hicieron todo. En coma tuve unos sueños increíbles: soñé que hacía una sushi party. También que moría mi marido. Así que cuando desperté fue un encuentro muy lindo. No había enviudado.
Me sentí muy feliz, desperté con mucho amor.
¿Necesitaste ayuda terapéutica? Ahora tengo una psicóloga especialista en situaciones postraumáticas. Pensá que por las dos bacterias que tuve me agarró una sepsis parcial. Zafé de pedo.
También me agarró trombosis yugular y me tengo que inyectar heparina (para prevenir coágulos) por el embarazo.
Estuve en estado crítico. Tuvieron que darme vuelta: era uno de los últimos recursos para que una respirara mejor, de costado, por eso tengo la cara marcada, se me hizo una úlcera que se me está curando.
¿Qué complicación tuviste con tu primer embarazo? Los chicos tuvieron síndrome transfusor transfundido y tuvieron que operarme a la semana quince porque compartían la vena. Si no se operaba se iban a morir. Me operé con los bebé de quince semanas. Después se me rompió la bolsa: me inyectaron plaquetas, se cerró porque era una fisura. Fue un milagro.
En la semana 29 se me rompió bolsa de nuevo y me internaron. Nacieron prematuros, sin secuelas.
¿En qué te cambió todo esto? Vivo diferente. Aprecio más todo. De hecho, hace tres semanas no podía respirar profundo. Ahora sí. Qué bueno poder respirar. Me dan ganas de ir a Bariloche a respirar el aire de montaña. Y bueno, mi idea a futuro es trabajar menos, seguir con la empresa de viandas congeladas y disfrutar de la vida. Soy una persona activa, inquieta y positiva.
¿Sufriste o sufrís el desarraigo? No, porque estar con mi familia es todo.
Eso no me afectó mucho. Lo que si sufrí fue la discriminación. Pero no quise quedarme con esa parte. Yo lo procesé y lo entendí. Era una época en la que había pocos chinos acá. No lo justifico pero lo entendí.

BIEN RODEADA Y EN FAMILIA. Con su marido, francés, y con sus hijos gemelos.

KARINA EN EL AIRE.
Gao en el programa Flor de equipo.


#23476896   Modificada: 04/05/2021 07:04 Superficie artículo: 2336.78 cm²
Tirada: 607306
Difusión: 2429224

Cotización de la nota: $584.195
Audiencia: 468.000





  
www.ejes.com | Santiago del Estero 286 4º piso - Of. 5 Buenos Aires | TE. 5352-0550