26/03/2020 El Economista - Nota - Economía - Pag. 3

entrevista Ignacio Labaqui Politólogo Por E. Pizarro
“La crisis del coronavirus le dio un norte al Gobierno”

En diálogo con El Economista, el politólogo Ignacio Labaqui, docente de la UCA y de la Ucema, traza una mirada acerca del actual contexto y del cambio de escenario que generará el impacto de la crisis por la pandemia.
De acuerdo con el especialista, en el corto plazo la agenda política local estará completamente centrada en el Covid-19, el cual logró ponerle “un paño frío a la polarización ideológica” en el país.
¿Qué opinión tiene sobre las medidas de contención que está implementando el Gobierno? Desde ya, se trata de medidas necesarias, dado el doble impacto que genera la pandemia sobre la economía argentina. Por un lado, el shock negativo externo que viene de una desaceleración de la economía global, la caída en el precio de las exportaciones argentinas y el deterioro de las condiciones financieras internacionales; y por otro lado, el impacto negativo que genera la virtual paralización de la economía a causa de las medidas sanitarias adoptadas para limitar la difusión del Covid-19.
Tal vez el problema es que la crisis generada por la pandemia encuentra a Argentina con poco margen para hacer política anticíclica.
Por ejemplo, Argentina no ha devaluado su moneda como sí lo hizo la mayoría de los países de la región, y eso básicamente porque una depreciación fuerte de la moneda probablemente traería aparejada una aceleración de la inflación. Las medidas que anunció el Gobierno son una forma de amortiguar estos shocks, pero difícilmente puedan evitar un mayor deterioro de la situación económica.
Desde hace un tiempo, muchos vienen pidiendo un ajuste en el gasto de la política, el cual podría ser más reclamado en este contexto.
De hecho, hace unos días, el gobierno de Mendoza anunció que recortará los salarios de los funcionarios que superen cierto monto. ¿Qué opina al respecto? Me parece bien que si la política quiere dar un gesto bajándose salarios lo haga. Sin embargo, tengo dudas sobre si esa es la solución a los problemas fiscales de Argentina.

Varios analistas coinciden en que esta crisis del coronavirus le conviene mucho (o muchísimo) a Alberto Fernández, tanto en lo político como en lo económico.
En lo político, porque le da más espacio para mostrar liderazgo.
En lo económico, principalmente, porque, aunque los números empeoren aún más, además de la herencia recibida, ahora tendrá una mayor y mejor excusa para justificar el mal desempeño de la economía de este año. ¿Coincide con esto? Dada la fragilidad de la economía argentina y la magnitud de los desafíos que ya antes del coronavirus enfrentaba el Gobierno, me parece que esta crisis no le conviene.
Si pensamos que Argentina tiene una economía en la que el Gobierno sólo puede hacer política anticíclica pagando un costo altísimo, dado que la única fuente de financiamiento para la misma es la emisión monetaria, la verdad es que esta crisis es lo peor que le podía pasar a Fernández. La crisis lo complica por el lado fiscal, va a llevar a una profundización de la recesión, lo obliga a tomar medidas de una dureza inusual y además le complica la renegociación de la deuda. Sin el coronavirus estábamos mejor. Dicho esto, es cierto que Fernández cuenta con la oportunidad de mostrarse como estadista, que pese a cierto titubeo inicial de su administración no dudó llegado el caso en aplicar medidas duras para contener la expansión del virus, y que esta crisis le ha dado un norte a su Gobierno, que a tres meses de comenzado daba cierta imagen de parálisis y ausencia de rumbo. Probablemente, Fernández vea un crecimiento en su imagen en estos meses. Ello no obsta a que incluso si Argentina sortea exitosamente la pandemia, Fernández deberá lidiar con las consecuencias de mediano plazo de la misma.
En este contexto, ¿qué debería hacer el Gobierno respecto a la negociación de la reestructuración de la deuda externa? La crisis del coronavirus ha cambiado el contexto en el cual tendrá lugar la renegociación de la deuda, pero no parece haber modificado la postura del Gobierno. La crisis le da al Gobierno mayores argumentos para justificar un alivio sustancial de la deuda, pero a la vez dada la volatilidad de la situación económica, probablemente haya incertidumbre sobre la capacidad de la economía argentina para generar los recursos necesarios para pagar la deuda renegociada, y eso juega en contra de la renegociación. Sería deseable que Argentina evite el default, dado que ello probablemente agrave los problemas que ya tiene la economía del país. Lamentablemente, todo parece indicar que la alternativa del default se tornará una opción tentadora para el Gobierno si la oferta inicial no logra el acuerdo de la mayoría de los bonistas.
¿Cómo cree que cambiará la agenda política para este año como consecuencia de la crisis de la pandemia? La pandemia cambió la agenda.
Puso un paño frío a la polarización ideológica, relegó a un segundo plano a la renegociación de la deuda, que hasta ahora era la prioridad del Gobierno de Fernández.
La reforma judicial también pasó a un segundo plano. De momento, la agenda será todo acerca del Covid-19. Y después habrá que lidiar con las consecuencias de esta crisis.


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